25 de junio de 2026

¿Seguro rechazado por falta de mantenimiento?

¿Seguro rechazado por falta de mantenimiento?

Imagina la escena: una tubería revienta en casa, el agua daña el parqué del salón y, tras el susto inicial, respiras con alivio pensando: "Menos mal que tengo seguro". Avisas a la compañía, acude el perito y, a los pocos días, recibes la temida notificación: siniestro rehusado por falta de mantenimiento.

En el sector asegurador, el rechazo de siniestros bajo este argumento es una de las principales fuentes de conflicto, frustración y reclamaciones. Lo que para el asegurado es un accidente imprevisto y repentino, para la compañía es la consecuencia inevitable de un abandono prolongado del inmueble. Pero, ¿dónde está el límite entre un accidente y la falta de conservación?

La raíz del problema: ¿Qué cubre realmente un seguro? Para entender el conflicto, hay que acudir a la base del contrato de seguro. Por ley, las pólizas están diseñadas para cubrir riesgos que sean inciertos, futuros e imprevistos. Un reventón de una tubería por un exceso de presión es un siniestro claro. Sin embargo, una filtración lenta a través de una junta de silicona desgastada durante años no lo es; se considera un proceso físico previsible derivado del paso del tiempo.

Las pólizas de hogar, comercio o comunidades excluyen explícitamente los daños causados por el desgaste natural, la oxidación o la falta de conservación. El contrato exige que el propietario actúe con la diligencia de un "buen padre de familia", manteniendo los bienes en condiciones óptimas para evitar que el riesgo se materialice. El problema surge cuando las compañías utilizan esta cláusula como un "cajón de sastre" para evitar pagar siniestros que sí deberían estar cubiertos.

Los escenarios más habituales de rechazo La supuesta falta de mantenimiento no suele avisar; se descubre cuando el perito analiza a fondo el origen del problema. Los casos más comunes suelen concentrarse en tres áreas críticas:

Fontanería y baños: Humedades que aparecen en pasillos o habitaciones contiguas debido a que la silicona del plato de ducha está cuarteada o a que la lechada de los azulejos ha desaparecido, filtrando agua poco a poco cada vez que alguien se ducha.

Tejados y terrazas: Filtraciones tras lluvias torrenciales donde la aseguradora alega que los sumideros estaban obstruidos por hojas y suciedad, o que la tela asfáltica ya había superado su vida útil sin ser renovada.

Instalaciones eléctricas: Cortocircuitos en instalaciones obsoletas que carecen de las protecciones térmicas adecuadas o que sufren sobrecargas por antigüedad.

El impacto económico del rechazo Cuando una compañía rehúsa un siniestro bajo este argumento, el impacto financiero para el asegurado suele ser doble. Por un lado, la reparación del origen del problema siempre corre por cuenta del propietario (el seguro nunca pagará el sellado de la ducha o el cambio de una tubería vieja).

Por otro lado, y esto es lo más grave, al estimar que el origen es la falta de mantenimiento, la compañía suele rechazar también los daños consecuenciales. Es decir, el techo pintado del vecino o tu propio suelo levantado tampoco se cubren, dejándote completamente indefenso ante facturas que pueden ser muy elevadas.

Un punto legal clave a tu favor: Según la jurisprudencia del Tribunal Supremo, la carga de la prueba recae sobre la aseguradora. La compañía no puede rechazar un siniestro basándose en una mera conjetura; debe demostrar mediante un informe pericial riguroso y objetivo que el daño se debe exclusiva y directamente al abandono, y no a un hecho accidental. Una vivienda antigua tiene pleno derecho a estar asegurada y a que sus siniestros se cubran, siempre que no haya una dejadez manifiesta.

¿Cómo debes actuar si rechazan tu siniestro? Si te encuentras en esta situación y no estás de acuerdo con la resolución de la compañía, es fundamental seguir unos pasos muy claros:

Solicita el informe pericial por escrito: Es tu derecho legal. Exige a la compañía el documento completo del perito donde conste la justificación técnica del rechazo.

Plantea un contraperitaje: Si estás convencido de que el daño fue accidental, necesitarás contratar a un perito independiente (un arquitecto técnico o perito judicial) que evalúe la zona y emita un informe que contradiga al de la aseguradora.

Reclamación formal: Presenta un escrito ante el Servicio de Atención al Cliente (SAC) de tu propia compañía adjuntando tu informe favorable. Si esta vía falla, el siguiente paso es elevar el expediente a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones (DGSFP).